El diseño urbano centrado en la infancia transforma las ciudades en entornos seguros, accesibles y estimulantes, mejorando drásticamente la comodidad diaria tanto de los niños como de sus cuidadores. Cuando una ciudad se planifica a la altura de los ojos de un niño (aproximadamente a 95 cm del suelo), se optimiza el espacio público para el beneficio de toda la sociedad.